El origen del autobús (II)

Como ya os adelantamos en la anterior entrada hoy continuaremos con este particular viaje a lo largo de la historia del autobús y su evolución.

Tan solo dos años después del triunfo del ómnibus, en el año 1831 surgió el autobús, idea del inglés Walter Hancock. Este difería del ómnibus en su motor a vapor, es decir, tenía autonomía y podía moverse por si solo. De ahí la palabra autobús.

Esta idea experimental en un inicio cubría la línea de la city londinense y la ciudad de Stratford. Su primer nombre no fue el de bus o autobús, sino el de Infant.

Años más tarde, Hancock dotó a su vehículo de un motor de gasolina construido por la firma alemana Benz (Karl Benz) y empezó a multiplicar el número de unidades a partir de 1895. El mayor problema era el reducido número de plazas, tan solo seis más dos conductores.

Los años posteriores el autobús se extendió por toda Europa y el resto del mundo. Este medio de transporte eclipsó al tranvía que se presentó como remedio indiscutible del transporte de masas.

Sólo el sistema del metropolitano (el metro) logró en 1863 hacerle sombra y quitarle clientela. Pero el autobús siempre tendría su público entre quienes no estaban dispuestos a hundirse en los túneles de la ciudad.

 

 

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